Sonia Wilt del Villar | Usemos la RABIA para conocernos mejor (3)
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Estoy enfadado

Usemos la RABIA para conocernos mejor (3)

¿Cómo podemos saber que algo no marcha bien? ¿Cómo podemos saber que estamos reprimiendo la rabia? ¿Qué podemos empezar a hacer?

No siempre se hace evidente externamente que internamente estamos hirviendo. En ocasiones, algunos de nosotros hemos aprendido a lo largo de nuestra infancia a reprimir nuestra rabia con el fin de ser atendidos y sentirnos queridos, pues cuando exteriorizábamos nuestra rabia de una manera espontánea para hacernos oír, para indicar que necesitábamos algo, nuestros cuidadores y figuras importantes (padres, abuelos, profesores,…) solían ignorarnos, rechazarnos o castigarnos. Por ello, algunos acabábamos convirtiéndonos en niños obedientes y tranquilos que más tarde, de adultos, tendremos dificultades para mostrar nuestros sentimientos. O, también adoptábamos actitudes de protesta y negación, que más tarde, de adultos, nos llevan a vemos envueltos en enfrentamientos.

Lo normal es que no nos demos cuenta de que algo no marcha como debiera y nos digamos que “todo marcha a las mil maravillas”. Para saber si esto puede estar ocurriendo, observémonos, prestemos atención a ciertos síntomas y conductas evidentes de forma directa (A. Timpe, 2009) que puede que nos indiquen que la rabia está ahí:

  • Aparecen dolores de cabeza y trastornos estomacales con más frecuencia de lo esperado;
  • Nos comemos las uñas o la piel de alrededor;
  • Mantienes apretados los dientes o los haces rechinar por la noche (bruxismo);
  • Los músculos de la mandíbula están tensos o te duelen;
  • Los hombros y la nuca están rígidos y tensos;
  • Explotas de forma incontrolada en situaciones que no justifican adecuadamente tu reacción.

Puede que la rabia se manifieste de forma menos evidente mediante expresiones indirectas. Estos síntomas pueden tener otras causas, aunque podríamos prestar atención a los siguientes síntomas:

  • Llegas tarde y haces esperar a los demás;
  • Te olvidas de tus citas;
  • Derramas o haces que se caigan cosas por descuido;
  • Te subes al metro que no es;
  • No participas;
  • Te sientes superior;
  • Te muestras irónico/a, burlón/a, sarcástico/a, cínico/a;
  • Actúas como si todo te diese igual;
  • Te repliegas sobre ti mismo/a.

El primer paso para relacionarnos adecuadamente con esta emoción y empezar aprender sobre nosotros/as a través de ella será NO NEGARLO, NI IGNORARLO. Al tomar conciencia de que está ahí, podremos empezar a establecer una distancia entre nuestra conducta y la rabia. De esta forma dejaremos de estar completamente dominados por la rabia y manejar mejor cómo deseamos relacionarnos con ella.

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