Sonia Wilt del Villar | Sobre el concepto de AUTOESTIMA
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Me quiero

Sobre el concepto de AUTOESTIMA

Extracto sobre el concepto de AUTOESTIMA del artículo: Villegas Besora, M. y Mallor Plou, P. (2015). Estima ontológica, estima narcisista. Revista de Psicoterapia, 26 (100), 3-44

El número 100 de la Revista de Psicoterapia es un monográfico titulado AUTOESTIMA Y NARCISISMO. Ambos conceptos no nos son ajenos aunque cuando necesitamos concretar qué significan, cómo se consigue recuperar la autoestima si se “pierde”, es autoestima o es narcisismo etc., en general nos movemos en términos poco concretos y algo confusos.

Los autores señalan que hablar de narcisismo implica el “enamoramiento” de sí mismo, mientras que la autoestima es amor a sí mismo. La autoestima (el amor a sí mismo) basado en el ser no admite grados, se reconoce o no se reconoce, se siente o no se siente. No se basa en el balance entre virtudes o defectos, éxitos o fracasos, sino en el amor del ser que es uno mismo.

En el texto, los autores proponen una definición de autoestima: “Actitud proactiva benevolente hace el ser que es uno mismo”. Y esta definición implica, a su vez, algunos supuestos:

La identificación con el propio ser. Aunque pueda parecer un trabalenguas, encierra la base de todo. El yo que se quiere a sí mismo no es otro que el propio ser que soy yo (no que hay en mí). Este ser es el fundamento de la propia identidad. Este es el ser al que hay que cuidar, amar y respetar de manera espontánea y natural. O, una vez tomada conciencia de él, de forma expresa y reflexiva, lo mismo que al de los demás, lo que constituye la autoestima y la base para el respeto por los demás.

La legitimación de las propias necesidades y el reconocimiento de los propios derechos. Para que este ser pueda desarrollarse es fundamental que se legitimen sus necesidades y derechos. Esto no implica que los demás estén obligados a satisfacerlos, sino solamente a reconocerlos y respetarlos, al igual que nosotros los de los demás.

El cuidado de sí mismo (quererse bien). Dado que la estima no es solo aprecio, sino también amor, la autoestima exige la actitud y la responsabilidad de cuidarse a sí mismo. Es la primera forma, señalan los autores, de contribuir al bienestar social. Cuidarse a sí mismo implica proporcionarse los bienes necesarios para la propia subsistencia y bienestar, así como protegerse de los males y peligros que pueden atentar contra la propia vida o salud, tanto física como psíquica (supone un acto de responsabilidad sobre uno mismo)

La comprensión (que no es lo mismo que condescendencia). El amor ha de estar basado en la comprensión, la cual nos permite entender el significado de nuestras experiencias. Hablamos de comprender, no de dar explicaciones (causales) o justificaciones (excusas). Comprender no supone ser condescendiente con uno mismo y la propia conducta, sino entender cómo funcionamos para poder aprender a regularnos de forma más adaptativa a nuestras necesidades y las de los demás, de modo que se haga posible el cambio, cuando éste sea necesario.

La aceptación positiva incondicional. Significa la aceptación de sí mismo, no supeditada a ninguna valoración o evaluación añadida, sea del orden que sea, o pertenezca a la categoría que pertenezca (innata o adquirida) Aceptar a la persona es posibilitar el cambio: la persona puede cambiar sus acciones y continuar siendo ella misma. Nadie debería definirse por sus actos, ni sus síntomas, ni sus afiliaciones ideológicas. Así, “Pedro es un asesino, un psicópata y un nazi” es una mala traducción de “Pedro ha cometido un asesinato (acción), tiene comportamientos antisociales (síntomas) y milita en el partido nazi (ideología)”.

El reconocimiento de la singularidad. La autoestima no se trata de “apreciarse a sí mismo”, sino de amarse. Cada uno de nosotros es un ente singular, un ser único e irrepetible. Y como tal no tiene sentido ser comparado con nadie, ni verse sometido a los dictámenes de modas y valores sociales.

El respeto. El valor de la persona es de naturaleza intrínseca y tiene que ver con la dignidad del ser humano, por lo que no admite ningún tipo de ultraje, vejación o maltrato. Es la actitud de consideración del ser en su propio ser, sin ningún derecho de alteración en su entidad ni alteridad. Y, este respeto debe ser mutuo, de los demás hacia mí y de mí hacia los demás (nadie es superior a nadie). Respetarse y hacerse respetar es un objetivo intrínseco de la autoestima y cuando una actitud, comportamiento o relación es contraria a este principio, simplemente hay que rechazarla como nociva y perjudicial para uno mismo.

La humildad. Al partir de la igualdad que se ha mencionado (nadie es más que nadie), otra consecuencia de la autoestima es la humildad. Nadie puede imponerse a nadie. El narcisismo, por definición, necesitado de una autoexaltación constante para quererse, se halla en las antípodas de la autoestima: al carecer de humildad lo que más teme es la humillación, la cual puede causar estragos en su equilibrio emocional.

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